Así conocí al hombre por el que muero

Así conocí al hombre por el que muero

Así conocí al hombre por el que muero

Después de ocho años de una relación amorosa con quien hoy considero mi mejor amigo, encontré al hombre por quien siento cosas que jamás imaginé creer.

Soy un hombre que me considero fiel, leal, amoroso, respetuoso, protector y defensor de aquello que tanto amo. Tengo 30 años, a lo largo de mi vida sentimental he tenido dos parejas, con uno de ellos tuve una relación de 4 años y con el otro (de quien puedo decir es el hombre más maravilloso del mundo, pero que considero mi amigo u otro miembro más de mi familia) demoré 8 buenos años.

A lo largo de mi última relación comprendí cosas como que el diálogo es el mejor motor de una relación. Es mejor tener todas las cosas claras para que no existan dudas o malos entendidos, esta será mi base para todo aquello que esté relacionado con mi vida sentimental. En mi caso prefiero hablar con la verdad y total trasparencia para no herir a nadie.

Un día pasé y saludé al instructor y me presentó con Santiago, en ese instante respondí varias preguntas que me hicieron acerca de ejercicios, alimentación, suplementación y demás cosas relacionadas con el entrenamiento, dado que yo soy uno de los chicos más musculosos y dedicado con todo lo relacionado a este mundo del fitness.

Días después empecé a hablar con Santiago y debo confesar que no me caía nada bien porque es un joven que desea lograr objetivos de años en solo unos cuantos días (algo que ha cambiado, o entendido), yo intentaba solo responder a sus dudas cuando me hablaba y en ese tono pasó como un mes donde la comunicación se limitaba nada más a ello.

Mi relación de 8 años terminó porque sencillamente se apagó todo. Todo es todo. Pasión, amor, alegría por ver a la otra persona, la nula existencia de experiencias nuevas, en fin, solo existía compañerismo por tanto tiempo compartido y nada más. Justo en el transcurso del último año de esa relación conocí al chico que me movió el cielo y la tierra.

No sé cómo pude terminar enamorado de un joven súper mimado, súper tierno, extremadamente amoroso, un chico que cuando toma confianza no deja que uno hable porque tiene mil historias para contar, y eso que yo soy también soy un buen orador, sin embargo, me gusta escuchar cada cosa que tiene por decir. Sencillamente, como decimos aquí en Colombia, ando embobado y espero y ansío estar así por el resto de la vida.

Santiago es su nombre, es más alto que yo, algo que nunca me había gustado en un hombre, pero ya que puedo hacer, es de cabello abundante color castaño claro, de barba, cuerpo marcado, es adicto a la vida sana y los ejercicios, tiene un abdomen muy sexy y la sonrisa más hermosa del mundo.

A él lo conocí unos meses antes de terminar definitivamente mi relación de 8 años, justo cuando con quien hoy es mi expareja decidimos darle “un aire fresco” a nuestra relación. A Santiago lo conocí en el gimnasio, el primer día que lo vi me reí mucho de él porque estaba haciendo press de banca con un peso exagerado y sencillamente no pudo con ello. Pasado unos días optó por tomar clases personalizadas y justo con uno de los personals trainers con quien yo más hablaba.

Su insistencia por preguntarme cosas logró hacer que intercambiáramos números de teléfonos para aconsejarlo de aquello que bebería hacer para lograr sus objetivos físicos. Debo confesar que yo soy un hombre disciplinado con mis cosas, pero Santiago es el doble, en poco tiempo logró seguir una rutina fuerte y conseguir logros físicos impresionantes, algo que una persona puede lograr solo en meses, él lo hizo en semanas. Yo quedé sorprendido y eso me hizo pensar muy diferente de él, pero lo que me hizo cambiar completamente de parecer fue un detalle el día de mi cumpleaños.

Cuando cumplí 30 años me dio un regalo, el cual yo no esperaba, porque simplemente yo a él lo veía como otra persona más del montón, pero ese detalle me hizo verlo de otra forma. Desde entonces comenzamos a hablar más seguido y a entrenar juntos. Salíamos en plan de amigos a comer, cine, a caminar, pero solamente en ese sentido.

Entre los dos no había secretos acerca de nuestra orientación sexual, yo soy un hombre masculino, pero no tengo reparos en decir “sí, soy gay” cuando me lo preguntan, y en el caso de él, es un niño naturalmente tierno y adorable, algo que a mi sencillamente me gusta y atrae.

Santiago siempre supo de mi larga relación y en ocasiones hablamos de ella, yo le contaba lo que pasaba e incluso él conoce a mi ex y actualmente se la llevan muy bien. Pero no solo hablábamos de relaciones sentimentales o temas del gimnasio, él y yo tenemos muchos gustos similares y uno de ellos se llama Pokemon, ambos adoramos esta franquicia y podemos charlar horas sobre ello y no llegamos a aburrirnos.

Pero, ¿cuándo empecé a verlo de una manera distinta? Después de un incidente que tuvo con un intento de atraco que sufrió donde lo chuzaron con un cuchillo, gracias a la vida misma fue un ataque leve la cual no pasó a mayor riesgo, luego de esto vivimos la mejor experiencia que abrió la ventana de lo que somos hoy, un beso con sabor a fresa que nos dimos en un taxi. Creo que es el beso que más recuerdo hasta hoy y que siempre recordaré. Una ocasión lo acompañé a su casa, salimos de entrenar y tomamos un taxi, en medio de la carrera yo estaba comiendo un yogurt griego sabor a fresa y le compartí, en medio de comer el yogurt, palabras, risas, y anécdotas nació ese primer beso.

Ver esta publicación en Instagram

#Wednesday #Class #University #Jacket #zelda #zeldabreathofthewild

Una publicación compartida por Santiago Serrato (@santiago_serrato) el

Un beso que cambió todo en mi vida.

Por Santiago empecé a sentir cosas que nunca había sentido por otra persona. Preocupación por conocer cómo estaba, saber si había pasado una buena noche, sobre cómo iba su vida en general, su alimentación, en fin, por todo. Santiago llegó a mi vida, me hizo sentir cosas maravillosas, sencillamente fenomenales y lo mejor de todo es que se la lleva también con mi hijo perruno, algo que para mí es clave.

Llegado el momento cuando mi relación sentimental más larga se inclinó hacia el punto de no retorno, mi situación con Santiago empezó a tambalear. Un mes después de vivir nuevamente en “soltería” hablé con Santiago para tener todo claro, llegamos al acuerdo que podríamos tener algo parecido a una relación sentimental pero no sería en sí un compromiso, dado que yo deseaba tener un tiempo a solas después de tantos años y por parte de él pues (Santiago decía) solo era un sentimiento bonito que sentía hacía mí, pero no estaba enamorado.

Por esos días conocí a otro chico, con el cual pasaron cosas. lo experimentado con este otro chico se lo hice saber a Santiago para ser lo más trasparente posible y no tener secretos, pero lo que yo vi como un acto de sinceridad para Santiago fue un “baldado de agua fría”.

Desde ese momento se rompió todo lo que se había cosechado entre ambos. Empezamos a vivir una relación tormentosa donde no existía confianza, incluso hablamos acerca que lo nuestro nunca funcionaría y llegamos al punto de terminar lo que teníamos. Justo ese día que se terminó todo con él, lloré tanto que puedo decir puntualmente: “ese día supe lo mucho que quería a ese chico”.

Llegamos a la conclusión de intentar una amistad, pero yo a él ya no lo podía ver de esa forma, por lo tanto, intenté alejarlo lo más posible cuando me hablaba, incluso, llegué a tratarlo mal con la intención que no me escribiera más ni por WhatsApp ni por Facebook, Instagram o me llamara al celular. Yo lo lastimé con el objetivo de alejarlo de mí para siempre, no lo quería como amigo.

Desde el momento del beso con Santiago mi vida giró en un sentido en que todas las noches lo pienso, lo sueño, ideo cosas para el futuro donde siempre él está presente. Desde entonces buscaba cualquier excusa para verlo, para sentirlo cerca de mí, para tenerlo presente, y eso no es lo que una persona siente por un amigo, eso es lo que siente cualquier ser por la persona con la cual desea pasar el resto de la vida.

Después de haber dicho no a una relación con Santiago, todos los días miraba sus fotos, intentaba escribirle, pero me pausaba, intentaba llamarlo y me contenía, incluso empecé a verme con otros chicos con el afán de ver si podía sacarlo definitivamente de mi vida, pero entre más lo intentaba, más vació me sentía. Hasta que no pude más, doblegué mi orgullo y le escribí.

El desespero por saber cómo estaba, que hacía, si me había olvidado, si ya no sentía nada por mí, me llevó decirle nuevamente: “Hola”, y eso bastó para abrir mi corazón y de su parte hacer lo mismo.

No me había olvidado, sufrió por lo que pasó. Yo lo hice sufrir, fue mi culpa, pero creo (sin llegar a ser juez) que necesitábamos todo esto para hacernos dar cuenta lo que verdadera sentimos el uno por el otro. Con la mano en el corazón puedo decir que lo quiero con todas las fuerzas de mi corazón y él me ha dicho que en este tiempo se dio cuenta que está enamorado de mí.

Llevamos más de un año de habernos conocido. Hasta el momento hemos vividos muchas cosas, y sé que viviremos muchas más. ¡Oficialmente somos novios!, ambos hicimos la pregunta al mismo tiempo. Yo hoy solo puedo decir que estoy feliz, sé que él también lo está y también sé que esta felicidad será para siempre, porque por primera vez siento que es el indicado.

Con Santiago no me da miedo besarme en público, agarrarlo de la mano mientras vamos por la calle, enfrentarme a cualquier persona homofóbica, defenderlo de lo que sea, decir que es la persona que cambió mi vida y que con él quiero llegar hasta el fin del mundo.

¿Qué piensas?

Déjanos tu comentario sobre el artículo en la parte de abajo y escríbenos a hola@plazadiversa.com si tienes alguna duda o sugerencia.

Te invitamos a seguirnos en nuestras redes sociales y a visitar nuestra página principal para ver más contenido.