Cultura

Breve historia de las personas transgénero

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Imagen propiedad de Garyck Arntzen

La palabra transgénero ganó una gran popularidad en la década de 1990 como un término general para describir a las personas que hacen el transito entre los roles de género tradicionales.

 

Virginia Prince, autora identificada como transgénero, a menudo se le atribuye haber acuñado el término. En 1969, Prince usó el término “transgénero” para distinguirse de los transexuales, o aquellos que alteran físicamente sus cuerpos a través de hormonas y cirugía. Su uso del término “transgénero” distinguía claramente entre sexo trans (masculino o femenino) versus género trans (masculino o femenino).

«Yo, al menos, conozco la diferencia entre sexo y género», escribió, «y simplemente he elegido cambiar el último y no el primero. Si una palabra es necesaria, me deberían llamar ‘transgénero’».

A lo largo de su vida, Prince buscó con frecuencia el reconocimiento por acuñar el término, y regularmente intentó controlar cómo se usaba el término.

Para 1965 el psiquiatra John F. Olivan usó el transgénero en el texto médico Sexual Hygiene and Pathology. Olivan usó el término transgénero en un sentido médico para indicar una “necesidad de cambio de género (‘sexo’)”.

 

Lo que es particularmente fascinante de esta historia no es la búsqueda para determinar la cara de la moneda, sino que incluso dentro de sus primeros cinco años de uso documentado, el término adquirió significados nuevos, incluso opuestos.

 

Hoy, la palabra transgénero generalmente se entiende como una categoría amplia que abarca muchas identidades y expresiones de género, incluidas transexual, genderqueer y cross-dresser, entre muchas otras.

 

Aunque el término transgénero solo se ha utilizado en forma impresa durante unos 50 años, las prácticas relacionadas con las personas transgénero han existido a lo largo de la historia.

 

Por ejemplo, a fines del siglo XVIII, un diplomático francés de origen masculino llamado Chevalier d’Éon se identificó, vistió y se hizo pasar como mujer durante más de 30 años. La vida de D’Éon fue tan notable que en 1913, el sexólogo inglés Havelock Ellis acuñó el término eonismo, en honor a d’Éon, para describir casos similares de vida entre géneros. Pero, ¿debería considerarse transgénero a d’Éon cuando la identidad no existía en ese momento?

Tomemos otro ejemplo: dos espíritus es un término utilizado por los indios americanos para describir a las personas que poseen espíritus masculinos y femeninos. Los dos espíritus pueden conectarse claramente con las personas transgénero, pero ¿qué se pierde si incluimos identidades culturalmente específicas bajo el paraguas de las personas transgénero?

 

Otro ejemplo, son los buguis de Indonesia donde se reconocen cinco identidades sexuales, incluyendo transgéneros masculinos y femeninos e intersexuales. Entre los chuckchi, cazadores nómadas de Siberia, llegan a siete géneros reconocidos. Los inuit, esquimales del Ártico americano, asignan los roles de género en un rito al nacer que luego puede variar a través de otros rituales de paso en la adolescencia.

 

En otras culturas, como en los yoruba o los igbo de Nigeria, el género no se designa hasta los cinco años de edad y puede diferir del sexo biológico; los mbuti del Congo esperan incluso hasta la adolescencia. En los dagaaba de Burkina Faso y Ghana, el género se adjudica en función de la energía que tenga cada individuo, sin tener en cuenta la anatomía física.

Algunas culturas reconocen a los transgénero como un tercer sexo, un ejemplo es el caso del hinduismo: las hijras son un grupo religioso, formado por hombres e intersexuales que visten de mujer, hablan de sí mismos en femenino y una minoría opta por la castración.

 

En México existen las muxes, hombres biológicos que adoptan roles femeninos y que pueden casarse tanto con hombres como con mujeres.

 

En la mayor parte de las sociedades precolombinas las personas transgénero se consideraban seres sagrados y relacionados con el chamanismo animista. Con infinitos matices culturales, desde los esquimales de Alaska hasta los incas de Perú, se creía que las personas transgénero tenían dos almas en un mismo cuerpo (masculino y femenino) y esto les facilitaba una comunicación con el mundo espiritual.

 

En la antigua Mesopotamia las personas transgénero también asumían papeles religiosos. Llamados gala en el periodo sumerio y kugarru o assinu en la fase acadia, ejercían de sacerdotes de la diosa Ishtar. Eran hombres travestidos de mujer, pero estaban convencidos de que la diosa les podía cambiar de sexo.

Esta institución de los transgéneros sacerdotales también se encuentra presente en la antigua Grecia y Roma. Con el nombre de galli rendían culto a Cibeles, Venus y Attis. Eran hombres, muchas veces castrados, vestidos con ropa de mujer y con nombres femeninos.

 

Este artículo fue construido gracias a The Conversation y CTXT contexto y acción

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