La heteronormatividad impuesta en la sociedad y la mentalidad humana

La heteronormatividad impuesta en la sociedad y la mentalidad humana - Imagen tomada de Twitter Daniel Valladares

Aunque heteronormatividad es una palabra muy común entre intelectuales y activistas, en otros sectores aún genera confusión y desconfianza. Sin embargo, es mucho más útil que hablar de homofobia.

 

En 1980 Adrienne Rich, una intelectual feminista y lesbiana, publicó un artículo que cambiaría la historia del feminismo y moldearía el campo de los nacientes estudios sobre sexualidad. Desde su osado título, “Heterosexualidad obligatoria y existencia lésbica, el artículo puso en el centro de la mesa uno de los conceptos teóricos más importantes de las últimas décadas.

Rich no acuñó la expresión, el término ya venía usándose en algunos contextos. Por ejemplo, la “heterosexualidad obligatoria” fue catalogada como crimen contra las mujeres por el Tribunal de Bruselas sobre violencia contra las mujeres en 1976.

 

Sin embargo, el artículo de Rich es el primer texto que aborda el tema de manera específica. Ella hace un agudo análisis de la manera en la que la heterosexualidad ha sido impuesta en las sociedades y el pensamiento occidental, y cómo, a la fecha de escritura de su texto, este hecho continuaba siendo ignorado incluso por movimientos tan ferozmente críticos como el feminismo.

Años después, en 1991, el profesor Michael Warner escribió la introducción a un volumen especial de la revista Social Text dedicado a la teoría queer, titulado “Miedo de un planeta queer”.

 

En este texto Warner desarrolla el término “heternormatividad”.  En consonancia con las ideas de Rich y de otros pensadores como Michel Foucault, el término se enfoca en la manera en que “la sexualidad se normaliza y se reglamenta en nuestra cultura y las relaciones heterosexuales idealizadas se institucionalizan y se equiparan con lo que significa ser humano”.

Desde entonces la palabra ha circulado entre intelectuales y activistas. Aunque ha sido uno de los conceptos más productivos y transformadores de los últimos 30 años, el término todavía genera confusión y desconfianza. Para muchas personas, es prueba de los horrores que suceden cuando la arrogancia académica se mezcla con un amor por las palabras extrañas. Para otros, quizás la mayoría, genera una confusión que no siempre se traduce en curiosidad: la palabreja es simplemente demasiado larga como para tomársela en serio, “si así de larga es la palabra, imagínese la explicación…”.

Heteronormatividad vs homofobia

Pese a sus ocho sílabas, el término puede ser útil para una sociedad que, como la colombiana, está haciendo esfuerzos por alcanzar la igualdad en derechos y garantizar una vida digna para todas las personas que la conforman sin importar, entre otros, su orientación sexual y su identidad de género.

A diferencia de la homofobia, que analiza acciones individuales concretas, buscando explicaciones psicológicas al “miedo” que un individuo siente hacia algo o alguien, la “heteronormatividad” señala que la heterosexualidad es un concepto central de nuestro sistema ideológico, social, político y hasta económico. La heteronormatividad expone que existe un complejo sistema que asume e impone (directa e indirectamente) la heterosexualidad de todos los miembros de la sociedad.

 

Sin negar la responsabilidad (ética y penal) que cada individuo tiene sobre sus acciones, el concepto de heteronormatividad permite entender que la vulneración de derechos que muchas personas LGBT experimentan todos los días, no se debe sólo a actos personales de odio o burla, sino a que se asume que la heterosexualidad, por ser más común, es también más deseable. Es decir, se le asignan virtudes éticas y morales a la atracción emocional y física de la mayoría

La heteronormatividad es un sistema social e ideológico fundando en la creencia de que la heterosexualidad es moral y éticamente superior a cualquier otra forma de sexualidad.

Asume que todas las personas son y deben ser heterosexuales y tilda de “problemáticos, desviados o enfermos” a quienes no se identifican de esta manera. Por lo tanto, se estigmatiza, denigra, margina y despoja de derechos a quienes no sean heterosexuales.

Así, pese a que dentro de la heteronormatividad haya un cierto margen para discursos fundados en la “tolerancia”, la diversidad sexual no es vista como algo deseable y, en consecuencia, es inconcebible trabajar conscientemente para construir una sociedad con más personas de identidad y orientación sexual diversa.

 

Artículo tomado de Sentido

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