La historia entre el padre de mi mejor amigo y yo

La historia entre el padre de mi mejor amigo y yo

La historia entre el padre de mi mejor amigo y yo

La historia entre el padre de mi mejor amigo y yo

Me llamo Daniel, vivo en Medellín, Colombia, tierra de hombres muy bellos donde existe una alta presencia de hombres homosexuales tanto dentro como fuera del clóset.

Acabo de cumplir la mayoría de edad, actualmente estoy en la universidad y vivo mi vida libremente sin complicaciones. La historia que les voy a contar pasó exactamente dos años atrás con el padre de mi mejor amigo.

Andrés es el nombre de ese parcero con el que he compartí toda la vida escolar, somos buenos amigos, aunque tomamos distintos caminos en cuanto a la carrera profesional. Con él pasé excelentes momentos, pero siempre como amigos, incluso, puedo llamarlo mi hermano.

Durante mi vida adolescente nunca di para que sospecharán que también me gustan los hombres, puedo decir que soy bisexual, pero si lo ponemos en una balanza me atraen más en un 75 por ciento los hombres y el restante las mujeres, pero siempre lo mantuve oculto porque no quería que mis padres se molestaran conmigo, ellos son evangélicos y deseo en realidad vivir esta parte de forma reservada hasta que termine la universidad.

Yo mido 175 centímetros, y me gustan los hombres más altos que yo para que me dominen y sometan a sus antojos. Precisamente eso pasó con el padre de Andrés, él se llama Ignacio, un hombre alto, piel canela, de brazos y piernas gruesas. El señor es arquitecto y un gran deportista, tiene una casa grande donde vive con su esposa y sus dos hijos entre ellos Andrés. Curiosamente mi amigo es distinto a su padre, pues se parece más a su madre. Mi parcero es chaparro, de piel clara, y para nada deportivo; es un chico sumamente perezoso.

Con Ignacio nunca hubo una relación cercana entre él y yo, sino hasta el cuándo yo estaba en el grado 12 de la secundaria. Como parte de la toma de grado en el colegio pedían hacer unas horas de “Servicio Social” las cuales pagué en un centro comunitario con Andrés, pero para llegar hasta el sitio debíamos cruzar media ciudad, fue entonces cuando Ignacio decidió a llevar a Andrés y de paso a se ofreció a llevarme a mí también.

15 días después iniciamos con el compromiso de pagar las horas comunitarias y 7 días más tarde el primer acercamiento entre Ignacio y yo.

Al término del primer día de trabajo comunitario nos dijeron que la semana siguiente Andrés y yo debíamos ir en horas distintas para poder abarcar más el trabajo que se realizaría, fue entonces cuando yo me ofrecí hacerlo en las tardes para favorecer a Andrés porque él tenía otros compromisos que cumplir con su madre los sábados en esas horas, se le explicó al padre de mi mejor amigo la notificación y justo para ese momento Ignacio me dijo que si estaría en su casa los siguientes sábados antes de él salir a buscar a Andrés con gusto me llevaría.

Así fue. El sábado siguiente yo estaba puntual esperando a Ignacio para que me llevara, estando a las afueras de la casa veo llegar la camioneta de Ignacio, el baja el vidrio de la puerta y me invita a subir. Al estar dentro del auto pude ver que él estaba todo sudado, le pregunté: “¿Viene de hacer deporte?”, él me contestó que estaba jugando fútbol y por ello estaba con ropa deportiva. Yo no podría dejar de ver sus piernas sudadas y el pecho que se le pintaba en la camisa por culpa del sudor.

Para ese momento entre en estado de excitación, pero traté de contenerme. Lamentablemente el padre de Andrés se dio cuenta, pero lo tomó de buena forma. Entré en ese estado porque Ignacio empezó a hablarme de fútbol y justo en un momento me señaló que en medio del juego alguien le había golpeado de manera fuerte en el muslo, mostrándome el lugar donde había recibido el golpe, mientras yo miraba su pierna también ojeaba su gran entrepierna inmensa. No lo podía evitar. Minutos después yo estaba pensando en otras cosas, y no pude contener el llamado de mi cuerpo, justo, llevaba ropa interior no ajustada y por más que quise tapar mi estado de alteración Ignacio dijo: “¡Wow!, ¿y por qué está así?”.

Estaba supremamente avergonzado, que pena tan grande, quería bajarme de ese carro y que me tragara la tierra, pero para ese momento llegaron unas palabras que calmó la tormenta emocional que tenía. Ignacio dijo: “Veo que tuve la culpa por señalar algo que no debía, así que no te preocupes, yo entiendo”.

Para ese momento dije: “Lo siento, no fue culpa suya, sino de mis instintos”. Ignacio respondió: “Yo también lo siento a menudo, y más cuando veo algo interesante, como eso que te pasó. También me pasa con otros hombres, incluso ahora estoy reaccionado de la misma manera”. No lo podía creer, yo giré la cabeza para ver aquello y era cierto. Dije: “Caramba, es muy grande”. Ignacio me contestó: “Si quieres lo puedes palpar”.

¿Qué pasó? Pues esa fue la puerta a mis aventuras íntimas con Ignacio. Desde entonces empecé a verme a escondidas con él sobre todo los fines de semanas. Mientras tanto mi relación de amistad con Andrés permaneció intacta, sin enterarse lo que pasaba entre su papá y yo.

Eso lo vivimos durante un año y medio. Después de eso y conocí a una chica con la que empecé un noviazgo, pero también a un chico con el que me veo cada tres días para satisfacer nuestras necesidades sexuales. Así que ya no tengo nada con Ignacio, aunque de vez en cuando lo recuerdo porque me enciende demasiado, traigo a la mente las ocasiones que en privado vivimos justo cuando me toca estar con mi novia.

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