La masculinidad que me enseñaron es tóxica y agresiva

La masculinidad que me enseñaron es tóxica y agresiva

La masculinidad que me enseñaron es tóxica y agresiva

La masculinidad que me enseñaron es tóxica y agresiva

¿Qué es ser hombre realmente? ¿Acaso el ser hombre viene condicionado a la genitalidad con que se nace? O, por el contrario, ¿son las actitudes que se asumen frente a la sociedad?, o ¿es llevar el pelo corto?, o ¿es tener unos músculos destacados?, o ¿es comportarse de manera ruda y agresiva? Todas estas preguntas me las comencé a hacer cuando descubrí que no encajaban dentro de los estándares de ser varón o masculino “totalmente”. Y es que encajar precisamente dentro de unos lineamientos no implica per se que este mal al no ser lo que la sociedad dicte, lo que está mal, como lo explicaré más adelante, es tratar de encajar en patrones impuestos que generan inseguridades e incitan a la violencia, por complacer las reglas socialmente correctas; lo que realmente es malo, es imponer solo una visión de masculinidad que no promueva la solidaridad, la empatía y el respeto.

La concepción de hombre ha ido cambiando en los últimos años y es gracias a las nuevas reinterpretaciones de roles y de género que esto ha estado sonando con notoriedad en la actualidad, pues se ha podido determinar que el género y la orientación sexual van mucho más allá de la genitalidad o de los colores rosa y azul, para mujer y hombre respectivamente.

En la cultura “gay” aún existe mucha discriminación y en muchas veces se debe precisamente a esas ideas de que ser hombre es comportarse según los estándares sociales y machistas bien aceptados que implican ser rudo, agresivo, fuerte, serio o, mejor dicho, todo un “macho” en el buen sentido de la palabra. Un hombre que sea gay, y que actúe amanerado, o muy “femenino” en muchos casos presenta discriminación y asilamiento por parte de otras personas con su misma orientación sexual y por atracción por personas de su mismo género.

Lo cierto es, que esa idea tan arraigada y conservadora de lo que significa ser hombre, resulta traducirse en una masculinidad nociva y tóxica, que está enmarcada en una especia de caja, la Caja de la masculinidad. Esta explicación la aprendí en días pasados en una conferencia a la cual tuve la oportunidad de asistir, donde el Dr. Gary Barker, conferencista del evento y quien es psicólogo y líder en temas de igualdad de género y masculinidades positivas, explicó de que se tratan las nuevas masculinidades.

Allí, el exponía que esta Caja de la Masculinidad resulta ser altamente toxica tanto para el hombre, por las cargas sociales que se le imponen, así como para la sociedad. Él explicaba que esta caja está compuesta por siete ejes: 1) la autosuficiencia,  que implica que un hombre que hable mucho sobre sus sentimientos no merece ser respetado y resolver sus problemas por sí mismos; 2) ser fuerte, que implica que un hombre se debe defender siempre que abusen de él y deben mostrar siempre esa fuerza incluso si se sienten ansiosos o nerviosos; 3) el atractivo físico, el cual es un elemento importante para el éxito, pero sin entrar en abundancias o excesos de su apariencia ya que eso no es muestra de ser muy masculino; 4) un rol masculino rígido, que se traduce en que hay labores que solo deben ser desempeñadas por hombres y otras por mujeres, como el cocinar o el tejer que socialmente son labores que solo son para mujeres; 5) heterosexualidad y homofobia, el cual indica que un hombre gay no es un ser masculino de verdad; 6) la hipersexualidad, que condiciona al hombre a que tenga la mayor cantidad de parejas que le sean posibles pues eso demuestra su hombría; y finalmente 7) la agresión y el control, el eje que afirma que un hombre debe usar la violencia para obtener respeto si es necesario.

Estos siete elementos antes mencionados, constituyen entonces la caja de la masculinidad que niega otro tipo de hombrías y masculinidades, e imponen a los hombres desde su niñez, que para ser hombre hay que actuar y expresarse de determinada manera. Barker, afirmaba que estos siete ejes son asociados, en la mayoría de los casos, a conductas como el suicidio, la depresión, el bullying, el acoso sexual, el abuso de alcohol y los accidentes viales.

Es por ello, que si nos salimos de esa caja de 7 ejes tóxicos es posible determinar que el hombre en sí, no debe ser violento, agresivo, mujeriego, o demostrar fortaleza en cualquier aspecto de su vida. Lo que Barker propuso, es abrir el esquema mental del ser hombre bajo esos esquemas y repensar la masculinidad como un elemento diferenciador donde cada persona, que se reconozca como hombre, pueda ser libre sin necesidad de probar su “hombría” bajo unos esquemas socialmente reconocidos que no causan sino daños y violencia en la sociedad.

En Colombia, donde el machismo aún manda y marca el eje de comportamiento social y cultural, repensar la masculinidad por fuera de los esquemas heteropatriarcales, machistas y ortodoxos, puede resultar difícil, pero es necesario para la construcción de una sociedad más igualitaria, más justa y donde el respeto prime sobre todas las relaciones sociales. Para los hombres gays, este tipo de discursos muestran esperanza sobre el futuro de nuestras relaciones y de las sociedades, muestran que no estamos solos, que muchas de las cosas que nos enseñaron en nuestras casas o colegios son mentiras o creencias poco evolucionadas, que hay acabar y erradicar.

Este discurso muestra que el ser hombre no debe significar bajo ninguna circunstancia no llorar, no preocuparse por nuestro aspecto físico, el no ser empático, tierno o amoroso; son criterios que están mandados a recoger, que se deben abolir y sí por el contrario, muestra un cambio hacía la promoción de  masculinidades de paz y no violentas que fomenten el empoderamiento económico de las mujeres, la promoción del cuidado y paternidad responsable y , en especial en el mundo gay, que un hombre “macho” no parte de un cuerpos esculturales, ni de su voz grave o de la rudeza que demuestra, sino que existen distintos tipos de masculinidades y que siempre que una persona se reconozca como tal, no importa cómo se muestre o como actúe,  no dejará bajo ninguna circunstancia  perder la hombría que quiere desarrollar.

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