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Pareja gay en Colombia fue brutalmente golpeada por sus vecinos homofóbicos

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Luis Hernando Cortés Camacho y Carlos Alberto Espitia González fueron golpeados por ser pareja - Imágenes tomadas de Revista Semana

Los insultos homofóbicos eran cosa de todos los días, sin embargo, la pareja nunca pensó que transcendería a una pelea que los dejaría en una cama de hospital.

La revista colombiana Semana reporta este lamentable caso sucedido en la capital del país. Luis Hernando Cortés Camacho, de 29 años, apodado como Tato, y Carlos Alberto Espitia González, de 27, llamado Beto, tienen una relación sentimental desde hace dos años y medio, lo que los llevó a hacer una vida juntos. Pero con las consecuencias generadas por el coronavirus la pareja optó por mudarse a casa de la madre de uno de ellos.

Tato comenta que desde pequeño siempre estuvo enfrentado a comentarios y agravios verbales por ser abiertamente gay ante la comunidad, algo que hasta el día de hoy continúa siendo una constante.

“Cuando nos vinimos a vivir a este conjunto le advertí a mi novio que aquí la gente era muy homofóbica. Fue incómodo, porque viví 17 años de mi vida aquí y siempre fui señalado por ser gay. Recibí mucho bullying. Pero no teníamos más opción. Esperaba que, siendo adultos y cambiando los tiempos, las cosas fueran diferente esta vez”, cuenta.

Los dos hombres al cambiarse de vivienda optaron por limitar sus muestras de cariño estando en los espacios públicos del conjunto residencial, otra de las cosas es que ellos suelen pasear su gato en horas de la madrugada para que su mascota evite encuentros con los perros.

Insultos como “pobres maric*s, pobres locas” no fueron suficiente para los agresores la noche del 11 de abril, cuando la pareja salió con su gato a las zonas comunes del conjunto residencial El Diamante hacia las 3:00 a. m.

“Estábamos caminando con el gatico y mi novio se antojó de un cigarrillo; entramos al gato y seguimos dando una vuelta cuando vimos a estos sujetos que estaban tomando trago muy cerca de la piscina del conjunto. Yo escuché cuando uno de ellos dijo en voz alta, como para llamarnos la atención: ‘Ahí van las dos locas maricas con las que tenemos el problema’”, recuerda el joven.

Beto quien no conocía el trasfondo de los insultos en contra de él y su pareja comenta que decidió responder a los agravios del vecino.

“Yo fui y le dije: ‘Bueno papi, ¿cuál es el problema?, ¿cómo así?’, pero no se lo dije alterado o tratando de buscarle pelea, sino que sinceramente quería saber por qué nos gritaba eso. El tipo, mucho más joven que yo y más bajito, pero macizo, no lo pensó dos veces y de una me lanzó un puño a la cara. Yo lo esquivé y lo empujé y ahí empezó la gresca”.

Tato dice que los violentadores estaban tomados y por eso los invitó a que se calmaran, incluso, les propuso que al día siguiente hablaran sobre lo que estaba sucediendo. “Nos dimos la vuelta y nos fuimos, pero nos seguían gritando ‘pobres maricas, pobres locas’, repetidamente. Apenas habíamos avanzado dos metros cuando uno de los tipos se lanzó contra nosotros por la espalda y nos golpeó, a lo que yo reaccioné y comenzó un forcejeo entre varios”.

“Otro de los sujetos saltó desde una grada cercana y le dio una patada a Beto, que le abrió la cara e inmediatamente lo dejó inconsciente. Lo que hice fue tirármeles encima a los sujetos y desesperadamente les gritaba: ‘Mire cómo me lo volvieron, malditos’, pero entre los tres me tiraron al piso y comenzaron a darme patadas en la mandíbula, en el rostro, en la espalda, en las piernas”, recuerda Luis Hernando.

Tato dice que en medio de la golpiza sacó fuerza para agarrar a su novio y salir corriendo a casa de su madre, cerraron la puerta, mientras su hermano llamaba a la policía.

La policía llegó, juntos fueron hasta la vivienda de los agresores, sin embargo, otra persona recibió a las autoridades y negó que dentro de la casa estuvieran los violentadores. La policía sin poder actuar en el momento debido a no tener una orden de allanamiento, llevaron a los agredidos al hospital más cercano donde a uno de ellos le hicieron una cirugía plástica ambulatoria para arreglarle el labio superior, porque estaba muy dañado, aparte de los golpes en la mandíbula.

“Tato estaba mucho peor que yo: tenía la tensión superbaja, y le fracturaron la novena y décima costilla del costado derecho. Las rodillas y codos estaban lacerados y tenía muchos moretones en gran parte del cuerpo. La oreja izquierda y el mentón estaban ennegrecidos por los hematomas”, cuenta Beto.

La pareja denunció ante la Fiscalía General de la Nación el hecho sucedido esperando que con esta denuncia no se vuelva a presentar una acción en contra de ellos.

Fuente: Revista Semana

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