Machismo y homofobia: Entre lo que vive un pandillero LGBT

Machismo y homofobia: Entre lo que vive un pandillero LGBT

Hay muchos estereotipos y suposiciones sobre las pandillas callejeras, así como hay muchos estereotipos y suposiciones sobre los hombres homosexuales. Casi ninguno de esos estereotipos se superpone.

 

En películas y televisión, algunos de los personajes homosexuales más reconocibles han sido retratados como afeminados o débiles; son “amantes de la moda” o “mejores amigos gay”. Por otro lado, los pandilleros a menudo se representan como hipermasculinos, heterosexuales y duros.

 

Esta contradicción obvia fue una de las razones principales por las que siempre me atrajo el tema de los miembros de pandillas homosexuales.

 

Un nuevo libro llamado “The Gang’s All Queer”, escrito por la autora estadounidense Vanessa R. Panfil se nutre de entrevistas a más de 48 miembros de pandillas gays o bisexuales. Todos entre 18 y 28 años y la mayoría hombres afrodescendientes.

 

Algunos de los miembros de la pandilla estaban formadas principalmente por personas gay, lesbianas o bisexuales. En otras la variable era ser el único hombre gay (o uno de los pocos) en una pandilla “heterosexual”. Luego estaban aquellas que la autora llama pandillas “híbridas”, que presentaban una mezcla de miembros heterosexuales, homosexuales, lesbianas y bisexuales. La mayoría de estas pandillas eran principalmente de hombres.

 

Debido a que incluso la idea de que un hombre gay pertenezca a una pandilla es contraria al pensamiento convencional, los miembros de las pandillas entrevistados para el libro tenían que resistir constantemente o subvertir una serie de estereotipos y expectativas.

 

La autora del libro cuenta que, para poder entrevistar a los pandilleros, recibió el apoyo de hombres que conocía de años atrás, y que trabajaban en un centro de acogida para jóvenes LGBT. Ellos eran abiertamente gays y habían hecho parte de una pandilla.

 

Vanessa cuenta que, al principio creían que ella era una policía haciendo trabajo encubierto, pero con el tiempo se ganó la confianza de los pandilleros y comenzó a conocer a más miembros y a aprender cómo cada tipo de pandilla con integrantes gays, tenía sus propios desafíos.

 

Los homosexuales en pandillas heterosexuales saben exactamente lo que se esperaba de ellos: estar dispuestos a pelear con pandillas rivales, demostrar dureza, tener citas o tener sexo con mujeres y ser financieramente independientes.

 

Ser afeminado no es aceptado

Todos fueron cuidadosos en presentar una imagen uniformemente masculina durante las entrevistas para el libro, lo hacían así para no perder el estatus y el respeto. Del mismo modo, salir del closet (así fuera sin plumas) era un gran riesgo. Ser abiertamente homosexual podría amenazar su estado y su seguridad pues los ataques con puñal son frecuentes.

 

A pesar de los peligros, algunos querían salir. Pero una cantidad de miedos los detuvo. ¿Sus compañeros pandilleros comenzarían a desconfiar de ellos? ¿Qué pasa si los otros miembros se preocupan por ser abordados sexualmente? ¿El estado de la pandilla se vería comprometido, con otras pandillas viéndolos como “suaves” por tener muchachos abiertamente homosexuales? Así que la mayoría se quedó en el armario y continuó proyectando una imagen heterosexual, manteniendo sus encuentros sexuales gays en la clandestinidad.

 

Algunos de los entrevistados en el libro incluso dijeron que estaban felices de que los teléfonos celulares se hubieran inventado porque así podían mantener su vida sexual privada con los hombres que conocían a través de aplicaciones de ligue.

 

Una historia particularmente sorprendente vino de un miembro de una pandilla heterosexual que hizo una cita para tener relaciones sexuales a través de Internet, solo para descubrir que habían sido dos compañeros de pandillas quienes habían arreglado la cita con él. Él no sabía que los otros eran homosexuales, y ellos tampoco sabían nada de él.

 

En resumen, el machismo y la homofobia son protagonistas en las relaciones gays dentro de las pandillas, pero, aun así, los chicos de la comunidad LGBT se las arreglan para mantener su sexualidad mientras conviven con los miembros de las pandillas a las que ven como parte de su familia.

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